Este 16 de septiembre Argentina recuerda a los jóvenes desaparecidos durante la última dictadura militar. El reclamo por la memoria, la verdad y la justicia sigue vigente, mientras las nuevas generaciones toman la posta en la defensa de la educación y los derechos humanos.
49 años de La Noche de los Lápices
Uno de los hechos que se convirtió en símbolo del secuestro, desaparición, tortura y muerte, durante la dictadura que se instaló en la Argentina entre 1976 y 1983, es conocido como La noche de los lápices.
A partir del 16 de septiembre de 1976, diez jóvenes que estuvieron en los reclamos por la vigencia del boleto estudiantil secundario gratuito fueron secuestrados en La Plata.
Formaban parte de la Unión de Estudiantes Secundarios, conocida como la UES y de origen peronista, que venía siendo vigilada desde hacía tiempo por los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, sobre todo del Ejército, que tenía bajo su control a la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
El jefe de esa fuerza era el general de brigada Ramón Camps y su mano derecha fue el comisario Miguel Etchecolatz, director de Investigaciones de la bonaerense. Ambos fueron condenados por delitos de Lesa Humanidad.
La noche de los lápices fue el nombre elegido con cinismo por la propia policía para identificar el operativo donde fueron secuestrados los diez estudiantes.
Seis fueron torturados y asesinados: Francisco López Muntaner y María Claudia Falcone de 16 años; Claudio de Acha y Horacio Angel Ungaro de 17 años y Daniel Alberto Racero y María Clara Ciocchini de 18 años.
Solo cuatro sobrevivieron después del secuestro y la tortura: Pablo Díaz de 19 años, Gustavo Calotti de 18 años y Emilce Moler y Patricia Miranda de 17 años.
Precisamente el valiente y doloroso testimonio de Díaz ante la Cámara Federal, que en 1985 juzgó y condenó a las juntas militares, permitió que Argentina tomara conciencia de lo que ocurrió con esos jóvenes.
A pesar del esfuerzo por dar con los seis desaparecidos, nunca se pudieron encontrar sus restos. Hubo un pacto de silencio de los policías involucrados en los secuestros, que no se pudo quebrar.
La mayoría de los jóvenes fueron secuestrados en sus domicilios y la posterior investigación recayó las responsabilidades de todo el operativo en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército y en miembros de la policía bonaerense.
Los jóvenes fueron llevados a centros clandestinos de detención de La Plata. Uno de ellos fue conocido como Arana, en donde los sometieron a toda clase de torturas físicas y psicológicas.
La lucha de estas personas no fue solo por el boleto estudiantil, sino también por una mejor educación y la posibilidad de que haya participación política en las escuelas.
Cómo otros trágicos sucesos vividos en diferentes puntos del país, La Noche de los Lápices quedó grabada en la memoria de los argentinos como un trágico ejemplo de la forma en que funcionó el aparato represivo de las Fuerzas Armadas y de seguridad, que tuvo entre sus objetivos a estudiante secundarios y universitarios y a trabajadores.
A 49 años de esa trágica noche, vale recordar el Nunca Más, el informe de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas, que puso al descubierto cómo funcionó el aparato represivo durante la dictadura. Y La Noche de los Lápices escribió un triste y doloroso capítulo.
Cabe recordar que en 1998 se estableció el 16 de septiembre como el Día Nacional de la Juventud en conmemoración de La Noche de los Lápices.
HISTORIA DEL BOLETO ESTUDIANTIL: UN RECLAMO DE TODOS LOS TIEMPOS
El reclamo por el boleto estudiantil ha sido una constante a lo largo de décadas en Argentina. Su origen data de 1952, durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, cuando se creó el boleto estudiantil primario.
Recién en 1975, con el reclamo de la UES, se logró instalar el boleto estudiantil para ese nivel de la educación.
Pero en 1976 fue eliminado por la dictadura militar y su lucha le costó la vida a seis de los diez estudiantes secuestrados y torturados por la policía de la provincia de Buenos Aires, en lo que se conoció como La Noche de los Lápices.
Con el retorno de la democracia, en 1983, se volvió a reclamar a nivel nacional y de las provincias y se logró restablecer en distintos lugares el boleto estudiantil.
La Ley 23.673 de 1989 creó ese beneficio para estudiantes de la enseñanza media que asisten a instituciones públicas.
LA LUCHA DE SIEMPRE POR UNA MEJOR EDUCACIÓN Y MAYOR PRESUPUESTO
En la época del reclamo por el boleto estudiantil se levantaron otras banderas que llegan hasta nuestros días.
El pedido por una mejor educación y por un mayor presupuesto para todos los niveles (primario, secundario y universitario) es el ejemplo más claro.
Los recortes de los presupuestos para esos sectores han sido una constante durante distintos gobiernos, sobre todo en los tiempos en que aumenta la demanda por la educación pública.
Lo que ocurre ahora con la Universidad de Buenos Aires es el mejor ejemplo. Reconocida a nivel internacional durante décadas, hoy sufre un recorte que hace peligrar su funcionamiento tal como lo conocemos y enorgullece a los argentinos.
Cuando eso ocurre, el Congreso de la Nación se convierte en el mejor instrumento para recuperar lo que se perdió o se quiere quitar.